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10/01/2021 6:00

Actualizado al 10/01/2021 6:00

"Mamá, ¿por qué dormís tanto?", le preguntó su hija de 10 años. Era septiembre o quizás octubre. Graciela Casella (50) no puede precisar la fecha pero sabe que esa pregunta funcionó en ella como una alarma. "La cabeza y el cuerpo no me respondían, me levantaba y quería volver a acostarme, y mi hija se dio cuenta", dice por teléfono. Es martes por la tarde, ella acaba de terminar de trabajar y ahora la voz de su hija se escucha de fondo. De tanto en tanto, le pide que la acompañe a la pileta. Graciela le contesta que en un momento irá y vuelve a hablar sobre el cansancio que sentía hasta hace muy poco: "Estaba agotada y necesitaba cambiar de aire. Toda la cuarentena estuve pensando '¿Qué hago en un departamento?', hasta me agarró desesperación por tener un fondo con pasto para pisar. Necesitaba parar, desconectarme, pero quería que parar fuera un disfrute, no otro estrés en un año con mucho estrés".

Entonces evaluó posibilidades. Por el contexto de la pandemia de coronavirus y el temor a contagiarse, viajar con su hija fuera del país no funcionaba como una opción. Tampoco quería ir a la Costa Atlántica, le preocupaba y rechazaba la imagen de una playa repleta de personas. "Pensé: 'busco algo por acá para poder seguir trabajando, y al mismo tiempo descanso y guardo los días de vacaciones".

La afirmación "buscar algo por acá" se tradujo en la posibilidad de alquilar una casa dentro de un country en el Gran Buenos Aires. Aunque el deseo duró poco: "Empecé a averiguar y cuando vi que por un alquiler pedían cinco mil u ocho mil dólares me enojé. Yo vivo en la Argentina, cobro en pesos y pago en pesos. No estaba dispuesta a esas condiciones y no busqué más", sostiene.

Casas con pileta en Parque Leloir, una de las zonas donde pasan sus vacaciones los porteños que no quieren viajar más lejos.

Casas con pileta en Parque Leloir, una de las zonas donde pasan sus vacaciones los porteños que no quieren viajar más lejos.

Pero un día de noviembre una amiga le comentó acerca de un alquiler en un barrio cerrado en Tigre. "Me dijo que una amiga suya se iba de vacaciones y que podía alquilar su casa por dos semanas. Yo seguía encabronada con que dólares no pagaba e insistí con eso. Por suerte se llegó a un convenio en pesos, que me cerró por todos lados". El 28 de diciembre llegó junto a su hija a la casa, que rentó hasta el 14 de enero.

"Esto era lo que estaba buscando: aire libre, pasto, plantas -dice-. Estar acá es muy lindo. Anoche mi hija estuvo en la pileta hasta cualquier hora, de hecho ahora se metió. A mí esta mañana me despertaron los pájaros. Después sonó la alarma del celular, que estaba lleno de mensajes laborales, y tuve que empezar a trabajar, pero eso no quita que me despertaron los pájaros", dice. Mientras habla, desde el parque, sentada, observa a su hija.

Graciela Casella vive en Belgrano y es un ejemplo de los porteños que este verano, después de un año de uso intensivo de la vivienda, y ante la posibilidad de trabajar en forma remota y de pagar por un espacio más verde y amplio, se volcaron al alquiler de quintas o casas dentro de barrios cerrados. En septiembre se hablaba de boom de consultas, de más de 100 llamados diarios de interesados en las inmobiliarias y de un mercado con mucha demanda pero poca oferta. Cuatro meses después, ¿todo ese caudal de clientes nuevos, encontró cauce?

En agosto en Nordelta, en Tigre, ofrecían casas con salida directa al lago, de 400 m2 y un costo de US$ 5.000 por mes.

En agosto en Nordelta, en Tigre, ofrecían casas con salida directa al lago, de 400 m2 y un costo de US$ 5.000 por mes.

"El 80% del mercado sigue siendo el mismo. Los propietarios de casas en barrios cerrados que en temporadas previas alquilaban volvieron a hacerlo y además hubo un 20% que este verano también se volcó a alquilar, cuando antes no lo hacía", dice Damián Garbarini, director de DG Negocios Inmobiliarios.

Su empresa se concentra en la zona sur de Buenos Aires, en especial en Canning, Ezeiza y San Vicente. De acuerdo a su análisis, entre la temporada previa y la actual, el valor en dólares del alquiler de propiedades subió entre un 25% y un 30%. "¿Por qué si un alquiler se paga bien, no son más los propietarios que alquilan? -pregunta y se responde- Porque en los barrios cerrados la mayoría de los dueños está pasando el verano en su casa, haciendo burbuja".

Para Garbarini la falta de inmuebles para alquilar en verano es estructural. "Todos los años el stock (por la casas) se cubre rápido. Aunque con la pandemia, el negocio debió haber explotado. Si hubiéramos tenido el doble de propiedades disponibles las hubiésemos alquilado y si hubiéramos tenido el triple las hubiésemos alquilado también. Hubo muchísima demanda, un montón de posibles inquilinos, pero muchas personas que querían alquilar no terminaron consiguiendo porque las locaciones son escasas".

Las operaciones que terminaron concretándose fueron en su mayoría en dólares. Algunos propietarios exigieron el pago de los billetes verdes, otros aceptaron pesos al equivalente de la cotización del dólar blue y otros mitad y mitad: blue y oficial. En los barrios cerrados de Canning, un alquiler promedio de una casa para seis personas con pileta sólo por enero salió US$ 4.700.

Los tiempos además se estiraron. "La temporada cambió. Los inquilinos pidieron alquileres largos. Lo común, lo que ocurría en veranos anteriores, era cerrar contratos en diciembre, enero y febrero. Ahora tenemos alquilado hasta Semana Santa. En octubre empezamos a ver estos casos, en los que alquilaron por cinco meses".

Durante el año crecieron un 90% las consultas para pasar el verano en el Delta del Tigre. Foto: Télam

Durante el año crecieron un 90% las consultas para pasar el verano en el Delta del Tigre. Foto: Télam

Según estimaciones del Ministerio de Turismo de la Nación, por la pandemia de coronavirus este verano solo viajará el 60% de quienes hubiesen armado las valijas sin el Covid-19. "En mi caso es la primera vez que alquilo una quinta. Si la pandemia no hubiese estado, no estaría acá. En las vacaciones priorizo viajar, ir a una playa o a una ciudad que no conozco", dice Florencia Esquivel (27) y se ubica en el 40% que alteró sus planes.

"Viajar fuera del país me daba un poco de miedo, ya sea por contraer el virus o por una posible cancelación de los vuelos", dice. Con su novio, durante el aislamiento, en el departamento que comparten en Villa del Parque, habían contemplado la opción de viajar en auto al sur, parando en distintos pueblos, pero los precios altos en el hospedaje los hicieron desistir.

La opción de pasar el verano en una quinta fue grupal, junto a la familia de su novio. En total, son seis personas. El alquiler, como las fechas de estadía, se dividieron entre todos: "Son entre 10 y 15 días cada uno. Los fines de semana podemos estar todos", describe. La casa está ubicada en Pilar y ahí permanecerán hasta el 28 de febrero.

"Estábamos en duda respecto a alquilar porque en otros lugares nos habían pedido cualquier precio. Pero conocemos a alguien que vive en este barrio y nos avisó de esta casa", dice Florencia. Y sigue: "En relación comodidad, ubicación, seguridad y tiempo de viaje, el valor es acorde. Obviamente, es en dólares y si lo pensás mucho te entra la duda, pero después de un año encerrados, necesitábamos despejarnos".

En Moreno, en el country Banco Provincia, a mitad de año había casas en alquiler desde $ 150.000 por mes.

En Moreno, en el country Banco Provincia, a mitad de año había casas en alquiler desde $ 150.000 por mes.

"Los inquilinos pedían salir de la Ciudad de Buenos Aires y, en los requisitos de búsqueda, que la casa tuviera pileta era fundamental", dice Esteban Edelstein Pernice, director de Castex Propiedades, una inmobiliaria que se especializa en la oferta de viviendas en barrios cerrados de zona norte, sur y oeste del conurbano. "Las familias con hijos chicos fueron el perfil que más se repitió. Nos decían 'ya no entramos en el departamento''.

A lo largo del año, en su caso no primaron los alquileres, sino las ventas. Ya en el inicio de la cuarentena, la cantidad de contactos semanales que consultaban por procesos "llave en mano" había crecido un 30% en comparación a las semanas previas al inicio del Aislamiento, Social, Preventivo y Obligatorio, decretado a partir del 20 de marzo. Y hacia diciembre Edelstein Pernice estima que fueron 500 los lotes vendidos.

"La pandemia hizo que muchas personas que no habían considerado vivir fuera de la Ciudad de Buenos Aires, ahora lo estén pensando. El abanico de nuestro mercado potencial se amplió por cinco", dice. Detrás de la tendencia hay varias razones: un encierro que se prolongó a lo largo de meses, la necesidad de espacios más verdes, la posibilidad de trabajar a distancia y una caída en los costos de construcción frente al aumento del dólar. "Con lo que vale un departamento de dos ambientes en Capital, se puede construir una vivienda de muchos más metros y comodidades en un barrio cerrado", agrega.

El tiempo y la vida post pandemia ofrecerán definiciones respecto a si se trata de un cambio poblacional en proceso o de una opción a la que algunos porteños recurrieron en forma circunstancial.

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NS

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